Y en llegando a esto me he acordado que anduve también perdido en una isla, como Lost, hace una semana.Una isla pequeña, de apenas diez mil habitantes, donde el mundo se detiene y donde la llave del coche de alquiler se deja debajo de la alfombrilla en el aparcamiento del aeropuerto. Como ya nos dijo la chica que nos esperaba al fondo del aparcamiento: "Bienvenidos al Hierro".
En fin, que todo era un pretexto para comer queso en todas sus variantes y regresar a cuando en este país se podía vivir tranquilo y confiado.El detalle de avisar en el miniaeropuerto de cuándo había que cruzar el control de seguridad fue mucho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario