martes, 24 de febrero de 2009

Descubriendo la pólvora

Lema del día: A estas alturas...

Tengo muy claro que para ligar tengo que dejar de beber. Pero parece que por fin voy haciendo el insight. Entre mis escasas habilidades, mi tendencia a ladrarle a todo lo que se me acerca y mi consumo de cerveza en cantidades ingentes, que hace que ladre menos, pero que no se me entienda nada de lo que hablo, me de sueño, me disperse más de lo habitual, y convierta a todo el mundo en amigo y no en otra cosa, el desastre es seguro. Anoche lo pude volver a comprobar. Cierto y verdad es que personalmente mientras me lo pase bien me importa poco, les preocupa más a los amigos, pero a veces me planteo que volver a casa acompañado con mayor regularidad de la que lo hago después de una marcha debe ser agradable para el ego. Afortunadamente, mi ego parece no darse por necesitado y últimamente anda estupendo. Pero cuando está algo peor, me lo planteo. Hoy no ha sido mi ego, ha sido una amiga, que ya digo yo que son los que se preocupan de que me eche un novio. Que digo yo que a lo mejor la mejor forma de echarse algo serio tampoco es irte con el primer tío que encuentras una noche de tajada... pero con tal de que exista alguna posibilidad de que termine formando una familia y comprándome un niño etíope, que son tendencia desde que dejaron de vender niñas chinas por falta de existencias, no van a parar de intentar convencerme de lo que sea. Por ello mismo me planteo que el día que consiga descubrir como salir por la noche y estar pasándomelo bien sin tener ganas de vaciar las destilerías de la Heineken, podré evitarme el bochorno de que los amigos me presenten amigos. Porque todos los heteros creen que sus amigos gays nos vamos a poner a follar y después a darnos las alianzas nada más vernos. Y generalmente cuando te presentan, sobre todo en fiestas populares, el efecto suele ser más bien el contrario, salimos huyendo como de la peste. Yo además me suelo poner bastante borde. Creo que ayer conseguí no estarlo demasiado, pero el efecto fue el mismo, o sea que pude comprobar mi teoría one more time...
qué mala es la resaca, esnifar talco y dormir fuera de casa.

P.D: Sí, yo también pienso que Carrie Bradshaw es fea, paleta, misógina y gilipollas y que habría que fusilarla. Tres o cuatro veces. Y no soy el único. En el facebook ya somos 122.

sábado, 21 de febrero de 2009

Hagamos un baile de mierda

Lema del día: ¿Qué se hace cuando nadie te acompaña?

Pues quedarse en casa. O no y unirse a la multitud. O no. Han vuelto Joaquín Reyes y sus secuaces. Cada vez me hacen menos gracia, pero no puedo más que congratularme porque por lo menos siguen sin venderse, haciendo las mismas tontás que me conquistaron hace años en Paramount Comedy. También han vuelto más cosas, pero de esas no tengo tantas ganas. Entre ellas los carnavales. De ahí la pregunta de la semana y el lema del día. Cuando toda una ciudad se paraliza y la única forma de salir un sábado por la noche es disfrazarse e irse a un mogollón y a ti no te apetece, ¿qué se hace? Sobre todo si tenemos en cuenta que la larguísima (e insoportable) cabalgata pasa por la trasera de tu calle (y te vas a estar enterando de todo). Mi plan era quedarme con Dominic viendo la segunda temporada de The Wire, pero no se si me dejaran. Ale ha amenazado con venir a buscarme. Los amigos se congregan para verla en casa de los amigos de siempre... y yo sin el coño pa ruidos porque lo que me apetece es irme de cañas... y sin nadie que me acompañe porque no hay bares abiertos pa eso. Y porque gracias a la primavera eterna me acabo de volver a resfriar y me quiero reservar pal lunes, que Los Indianos si que me apetecen. Lo que me recuerda que no he ido a comprar polvos de talco... joder, qué desastre.

domingo, 15 de febrero de 2009

MGPL. Hesíodo.

Hesíodo.

Hesíodo era escritor, y escribía poemas. El hecho de que sea el primero en ser laureado en estas páginas en nuestra Mitología griega para lerdos se fundamenta en que sus Teogonías son la base inicial del conocimiento de los mitos acerca de la creación del mundo y del nacimiento de los dioses. En realidad sobre esto habían escrito doscientos millones de escritores en la Antigua Grecia, pero los sabios nos dicen que con quien hay que quedarse es con esta. O con Homero. Pero más con esta obra. ¿Por qué? Pues porque lo dicen ellos que para eso han estudiado.
La cosa es que nadie está seguro de que ninguno de los poetas antiguos existieran. De hecho todavía se están comiendo el tarro a ver si Homero existió o no. Parece que con Hesíodo tienen menos dudas y, según se nos dice, tenía un padre y un hermano. Madre no consta.
Además de las Teogonías, de Hesíodo también se conservan otros poemas que se suponen suyos. El principal Trabajos y días, del que hablaremos posteriormente, y otros más cortos como Escudo. También se atribuyen a él cientos de fragmentos incompletos recogidos por ahí que compondrían poemas más largos, o eso creen los estudiosos, que tampoco están muy seguros de que la mitad no sean suyos. Es lo que tenían los griegos, que como base cultural serían estupendos, pero para conservar las cosas eran bastante más torpes y no se habían dado cuenta de lo bien que se podía mantener el papiro si se plastificaba.
En la Introducción a las Obras y fragmentos de la Biblioteca Clásica Gredos, obra donde se fundamentará nuestro estudio sobre autor y obra (que ya está siendo objeto de análisis para ver si me dan el sillón U con diéresis de la RAE), los en adelante Señores de Gredos (Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez, este último parece no ser el novio de la Duquesa de Alba, por más que aparte de nombre y apellido compartan afición a las antigüedades) se hacen muchas pajas mentales para situarnos (concretamente durante cincuenta páginas). Dado que el nivel intelectual del que visita estas páginas no es tan alto como el de los Señores de Gredos, resumiremos las cincuenta páginas en pocas líneas:

1) No se sabe si la familia de Hesíodo existió (el hermano y el padre, madre ya dijimos que no consta) o el hombre nació por generación espontánea. O si nació, a secas. Y de la muerte ni hablamos.

2) No se sabe cuándo vivió este hombre si es que realmente vivió, marcándose una horquilla que podría oscilar entre el siglo X a.C. hasta el viernes de la semana pasada, si bien parece que la conclusión de los Señores de Gredos es que fue entre el siglo VIII y VII a.C.

3)La principal fuente de riqueza en Grecia era la agricultura. Aunque luego ya empezaron a colonizar todo el Mediterráneo porque se dieron cuenta de que salía más rentable fundar una cadena de grandes almacenes. Pero la apertura de franquicias de El Corte Griego se vio frustrada porque en vez de fusionarse no paraban de conquistarse los unos a los otros, con el malestar consecuente de los posibles accionistas. Es por ello que Hesíodo se dedicaba a dar lecciones acerca de cómo cultivar los campos. Era listo y sabía que con el marketing que estaban realizando no podrían llegar a ninguna parte de otra forma.

4) Además, como estaban quitando las monarquías (hace tres mil años... llevamos un poco de retraso, me temo) y era hombre de bien, llamaba a los gobernantes "divinos" y criticaba las injusticias de los Reyes. Versiones apócrifas aseguran que si hubieran gobernado Reinas a lo mejor no le hubiera disgustado tanto. E incluso podría haber sido una de ellas (tanto "divino" escama a los estudiosos, ya se sabe).

5) Los Señores de Gredos eran fan de 300 antes incluso de publicarse el cómic, por ello le dedican cuatro páginas a hablar de la falange hoplita, forma avanzada de la distribución de los soldados griegos en la batalla, y que, tras cuatro páginas, para lo único que sirve es para deducir que Hesíodo la conocía.

6) Hesíodo no se inventó nada. En realidad era como Beck o Tarantino, y se dedicaba a plagiar poemas hurritas-hetitas-babilonios y sumerios, que lo mismo los habían introducido en Grecia los fenicios, o no. Y poemas fenicios también.

7) Se han publicado muchas versiones de las obras de Hesíodo, pero la mayoría fuera. Y de las que había en español hasta la llegada de los Señores de Gredos, mejor no hablar. Porque ya lo hacen ellos y no precisamente bien.

Algún lector no avezado podría preguntarse después de todo lo expuesto que por qué hay que hacerle caso a unos textos mal conservados que sólo se supone que escribió un señor que no se sabe que existió. Pues muy fácil, ya lo he explicado al principio, porque lo dicen los Señores de Gredos, que para eso saben lo que es el Papiro de Oxirrinco y vosotros no. Y punto en boca.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Invierno en Lisboa

Lema del día: Be water, my friend.

Sigo esperando las instantáneas de mi última visita a Lisboa, acaecida hace dos semanas, pero como continúe esperando se me va a olvidar todo, así que recuperaré alguna de las de verano para ilustrar el post, y ya después, si es que alguna vez me llegan, seleccionaré para mostrar (si es existe aquella en la que no esté borracho).

 

La idea de ir a Lisboa, ya lo conté hace un tiempo, fue de última hora. Me invitaron a un Congreso, en pleno ataque borracheril, en unas fechas en las que estaba de días libres. Como no tenía que justificar asistencia, decidí irme al sitio donde se celebraba y olvidarme del Congreso, para poder disfrutar de Lisboa con menos calor que la que sufrimos en el periplo estival del año pasado. Y como el alcohol inundaba mis neuronas, no pensé siquiera en la compañía más allá de los amigos.
Eso hace que el grupo sea bastante más heterogéneo de lo apetecible. Lo malo es que a la hora de comer hay que hacer auténticas virguerías para estar cubierto por todos los flancos. Lo bueno es que los heterogéneos nos sirven de divertimento a los demás. 
Tras sufrir (y llevo cuatro reclamaciones de retraso) la T4 (maldito invento de algún arquitecto imbécil) y un vuelo con turbulencias que provocó algún que otro mareo y más de una risa, llegamos a Lisboa una maravillosa tarde de lluvia con un frío polar. Nos hospedábamos en el hotel AC Lisboa, que en realidad podría estar en cualquier otra parte del mundo porque es exactamente igual que todos los hoteles de la cadena, lo que incluye al personal masculino de recepción, de estilo impersonal, robótico y casi estierco. Por lo visto en los hoteles de cuatro estrellas a eso lo deben llamar hospitalidad.
Deseosos de olvidar a Iberia, marchamos a buscar cerveza subiendo al Bairro Alto. Y ahí nos perdimos. Y aquí me perdí, porque he jurado y perjurado no poner verde a nadie, así que el relato quedará menos divertido y mucho más corto, porque resumiré. 
Los portugueses habían mejorado ligeramente. Continuaban siendo paticortos, unicejos y retacos, pero se los veía algo más guapos. Claro que siempre me quedaba la duda de que fueran de allí, o de que como los corticoides habían dejado de castrarme hacía ya tiempo, mi líbido estuviera en límites normales. Aun así, poco había que salvar. Mucho local moderno (donde la consumición mínima eran 100 euros) nos llevó a alguna discoteca de música electrónica en la que alguna de las representantes pretendió que le pusieran salsa, consiguiendo no sólo que no la echaran, sino hacerse amiga del DJ, llamado Oscar, que incluso le pidió disculpas. La primera noche, sábado para ser más exacto, acabó con el diluvio universal sobre nosotros mientras le quitábamos taxis a los portugueses y cenábamos a las seis de la mañana en la habitación del hotel, donde no podían hacer sandwich mixtos por la hora, pero si ensaladas césar. A mi que me lo expliquen.

 

El conocer el sitio te da libertad para moverte, con lo que uno, que tiende a independizarse aunque esté en el extrajero, aprovechó para dormir lo que no hicieron los demás y se incorporó a la hora de la comida en Belem, con el resto del pasaje ya con los deberes hechos evitando por tanto el turismo ya conocido. 
Sin encontrar un bar abierto, acabamos nuevamente en el hotel, donde di a conocer el (magnífico) vinho verde, y dimos el típico espectáculo de españoles en el extranjero, a voz en grito todo el tiempo, durante horas y horas porque como estábamos a gusto y el vinho verde estaba bueno, decidimos acabar allí con la bodega. La cena, ya en considerable grado enólico, dio para que unos catalanes convencieran a I., que no se fiaba de su comida ni de nosotros, que existen los espaguettis negros, y para que metiéramos la pata con comentarios fuera de tono con los que no se habían quedado a comprobar las excelencias del zumo de uva portugués. 
Como había ido de vacaciones seguí durmiendo como una marmota para descubrir al levantarme que la humanidad en pleno estaba comprando manteles, y unirme al grupo con el tiempo justo para desayunar a las dos de la tarde. La velada estuvo amenizada por el contaje de asesinatos que cometíamos, tras ser informados de que por cada cigarrillo que nos fumábamos estábamos matando a diez personas. En la comida nos dio por bromear con los camareros y reírnos del intento de negocio con almejas que había querido hacer un rumano con S. y A. mientras esperaban el autobús de regreso a Lisboa tras ver a sus familiares. Cuando ya hubimos exterminado a un par de aldeas de Zamora, nos fuimos a realizar la última visita de la tarde, el Castelo de Sao Jorge, que terminó lo antes posible porque habíamos ido a emborracharnos (yo al menos, si, y parte del pasaje, concretamente por el que yo me había apuntado, no mostraban ningún tipo de oposición a ello), consiguiendo aposentarnos en un local lleno de terciopelo rojo y jazz que conseguimos llenar y vaciar un par de veces mientras la ginebra iba consiguiendo que nuestras caras se descompusieran y los chistes cada vez fueran más soeces. A la camarera le prometimos que "manha mais", pero luego no fue posible.

 A Ale y a mi nos dio por ir caminando a dormir, para que se nos pasara la torta, mientras los demás que resistían cogían un taxi. Y como nos entró hambre así, de repente, no tuvimos mejor cosa que hacer que irnos al McDonalds 24 horas que hay en el Estadio del Sporting de Lisboa, en la otra punta de la ciudad, porque en Lisboa en invierno un lunes a las tres de la mañana no hay ningún sitio para comer abierto. ¡Habrase visto! Un taxista colocado al que encontramos en medio de una rotonda en medio de una autopista nos llevó hasta el hotel, donde dormimos cuatro cortas horas porque al día siguiente nos íbamos a Sintra. 
La división allí se hizo evidente. Tras decidir visitar la Quinta do Regaleira, el único palacio que me quedaba por ver, unos pocos nos decidimos a escalar (literalmente) por todos los jardines y revisar todas las grutas, mientras el resto decidían dónde comíamos sentados en el bar. Con diferencia, la mejor de todas las atracciones de Sintra, la Quinta nos dio para ejercitar los gemelos, la visión nocturna y la cabeza, si no que se lo digan a I., que se estampó contra una estalagtita, cosa que no sólo sirvió para que le saliera un chichón, sino también para que no lo hiciera yo, que suelo ser el damnificado en estas excursiones. Tras comer en un restaurante donde la puerta no cerraba, y el aire entraba como traído de Arkansas, iniciamos vuelta a Lisboa para descansar y hacer las maletas. 
Como yo no estaba por la labor, convencí a Ale de irnos a buscar un bar, y, tras varias vueltas y paradas, y ya con S. y A., dimos paso a nuestra última noche en Lisboa a ritmo de cervezas, de nuevo por el Bairro Alto. Al grito de "Mais cinco", tras la incorporación de B., tuvimos la noche más tranquila y más coleguera. Por más que el cuerpo no pidiera marcha y regresáramos relativamente pronto para descansar. Pero es que la T4 da para mucho. Tanto como para tener que ir (de nuevo) de T4 a T4S corriendo al haber tenido retraso (de nuevo) en el vuelo de ida. Por lo menos llegaron las maletas. 
Y por fin, ya en casa, descansé. Es lo que tienen las vacaciones, que son agotadoras. Por eso mejor cortas.

P.D. Esta vez he ido de pijis por la vida. Es lo que tienen las invitaciones. Sigo prefiriendo el método medio-mochila habitual, aunque sea mucho más cansado. No os vayais a creer que uno es fino...
 

jueves, 5 de febrero de 2009

Fluctuaciones estacionarias

Lema del día: Es que si me invitas corro el riesgo de ir.

No puedo entender a la gente que se pone de buen humor con el calor. Yo en verano estoy hecho un penco. Y es llegar diciembre y encenderme. Llevo dos meses como una moto y todavía no hemos empezado carnavales. De hecho, ayer me enteré que si los hemos empezado, aunque yo no me haya enterado porque con el ritmo que mi vida está tomando, similar al de todos los inviernos, no sabría en el día en el que vivo si la hoja de estadística que tengo que rellenar no se empeñara en recordármelo cada mañana.
Todavía (y por ello lo digo) no se de qué me voy a disfrazar. Y lo cierto es que cada vez me preocupa menos porque comienzo a plantearme no disfrazarme de nada. En realidad comienzo a plantearme demasiadas cosas, entre ellas cuántas cajas necesitaría. Pero eso es otro tema. Acabo de llegar de comer. Y he quedado para irme de cañas. Y ayer ya estuve de comida y cañas posteriores. Y mañana nuevamente comida. Y el sábado también quedé. Y el domingo. Y desde que me enteré que llegaron los carnavales soy feliz porque es la única época del año en que en esta ciudad se puede salir de lunes a domingo. Y estoy escuchando un disco de flamenquito variado que me encargó una amiga y que nunca le entregué. Y no me importa. Ni eso ni que otros estén enfadados porque no los llamé cuando ellos querían que los llamara, aunque me los vaya a encontrar en breve y algunos otros ya estén dando calor con ello. Y me da igual, me da igual... a tomar por culo el calvo, como diría otra amiga de la que hace años no se nada... en fin, que se me está yendo la pinza a pesar del café...
P.D.: Como comprenderás, querida fan, esto no es plan para escribir a Hesiodo ni a nada de nada. Y siguen sin mandarme las fotos de Lisboa. ¡Cómo es la gente! Achilipú, apú, apú...

domingo, 1 de febrero de 2009

Agradecida y emocionada

Lema del día: Mira que soy fácil...

Mi primera fan declarada ha estado de visita en mi isla para verme. Ella no ha parado de insistir en que era para ver a su hermana y su sobrina, pero yo se la verdad. Como mis fans son como son, se permiten el lujo de llamarme la atención y darme consejos. Y yo, como me debo a mi público, no sólo los acepto, sino que además intento cumplirlos. Por ello he estado haciendo, a petición suya, experimentos con el color para volver al negro original que nunca debió abandonar estas páginas, y he prometido actualizar de forma más o menos regular (y no haciendo tres entradas seguidas y luego tirándome semanas sin hacer nada como de costumbre) haciendo uso de la programación programada del blogger que tan buenos resultados me ha dado en el otro. Que sepais pues que estoy esperando las fotos de Lisboa para contar periplo invernal (aunque tampoco recuerdo mucho) y estoy terminando con Hesiodo para continuar con la Mitología griega para lerdos. Para que conste.
Por cierto, fan: ya he visto un capítulo (no el primero) de The IT crowd, que comentaré cuando repase entera en el otro blog, pero te doy un avance: ¡qué grandes!


jueves, 29 de enero de 2009

¡ A las barricadas! (II)

Lema del día: Lo mal que se distribuyen los bombazos...

De todo el mundo es conocido lo mal que se usa el dinero de nuestros impuestos. Hace ya tiempo que me quejaba (y me seguiré quejando) del tener que mantener a una familia entera que se dedica a vivir del cuento según un modo de gobierno anacrónico y clasista.
Me quejo (y me seguiré quejando) de la distribución (y creación) de Ministerios (con lo que cuesta eso) inútiles en aras de la corrección e intereses políticos (que me expliquen la necesidad de Ministerios independientes de Igualdad y Vivienda o Secretarias de Estado de Deporte, sin ir más lejos, con el gasto injustificado de millones que eso conlleva).
Me quejo (y me seguiré quejando) de la cantidad de altos cargos y cargos intermedios que llenan todas y cada una de las administraciones públicas que para lo único que sirven es para pagar favores y hacer más caro y difícil lo que podría ser sencillísimo.
Pero lo de las obras públicas es ya de cágate lorito. Cada vez que sufro la T4 y pienso que gran parte (si no todo) de lo que costó una terminal (que en realidad son dos funcionando como una, con el caos que eso conlleva para ir de una a otra cuando tienes que enlazar con media hora), y que está construida con dinero del Estado para una empresa que se privatizó de mala manera (como todo en el gobierno del amigo de Bush) y que, por lo tanto, no es pública y se podría buscar las habichuelas por ahí... me entran ganas de llamar a la embajada de Israel y decirles que los de Hamas tienen los arsenales distribuidos entre la terminal de los cojones y el Ministerio de Fomento. ¿Por esa barbaridad no le piden explicaciones a Maleni?


jueves, 15 de enero de 2009

Me enredé yo solito.

Lema del día: Con lo fácil que soy para algunas cosas...

Todo empezó el viernes. Había quedado con Dareka para verla, una vez pasadas las fiestas navideñas, y aprovechar para ir a las rebajas debido a que nuevamente mis amigos se han vuelto a acordar de mi para casarse todos el mismo año e invitarme a una boda con dos meses de antelación en la Catedral de Sevilla (yo, en una boda en la Catedral de Sevilla, ¿pero qué pasa?, ¿pero qué invento es este?). Con lo que en búsqueda de abrigo partí. Y en ese tramo me enamoré. De un abrigo de precio inquietante aun teniendo un cincuenta por ciento de descuento. Como me enamoré a primera vista pero tuve un ataque racionalizador a pesar de tener la tarjeta de los grandes almacenes donde los vi, esa que te permite comprar a plazos sin intereses y que haría que me lo pudiera permitir (no quiero hacerle más publicidad al El Corte Inglés de la que le hago normalmente), opté por otro de facturación normal pero que simplemente me serviría para pasar la noche. Lo mismo que cualquier borrachera, vamos... Y de ahí, precisamente, Dareka y yo fuimos a emborracharnos y terminamos, como de costumbre, hablando con gente que no volveremos a encontrarnos y haciéndonos íntimos amigos de abogados que nunca nos defenderán, aparte de diseñarnos trajes para carnaval que de salir como pretendemos pueden ser grandes éxitos en estas páginas.
Lo que iban a ser unas horas de tiendas terminaron casi en intoxicación etílica a horas no demasiado decentes para tener que levantarse el sábado a hora más que intempestiva para no trabajar porque me iba de cumpleaños. Pero me levanté para continuar bebiendo.
Iba a ser un asadero (barbacoa para el que no lo entienda) en el campo, que por más que todos sabíamos que había estado lloviendo toda la semana, teníamos esperanza de poder realizar. Y es que el que crea que yo soy el único inconsciente no conoce a mis amigos. Como el campo tuvo el mal gusto de no secarse en las únicas dos horas que no llovió por la mañana, cambiamos planes y terminamos en un chalet en la playa montando toldos para la lluvia que luego no usaríamos porque hizo un sol espléndido, ya que el tiempo es así, lo publicó Andrew Bloch hace años en La ley de Murphy, llevo siglos diciendo que se debería estudiar en todos los colegios como asignatura obligatoria. Por más que hiciera sol, catorce horas bebiendo cerveza, al lado de la playa con la humedad que hace y sin pasar de veinte grados consiguieron que el domingo por la mañana sólo me hiciera falta una salchicha en la boca y cantar "yo soy esa, la que pone la picha tiesa" para ser Carmen de Mairena, porque mi ya en proceso de perpetuo catarro no mejora ni en casa ni en la calle ni con alcohol a pesar de que es desinfectante y mata todos los bichos. Pero aproveché el tiempo perdido para aumentar mis amigos y mis clubes de fanes del facebook (qué forma más tonta de perder el tiempo) y organizar un poco la semana bloguera, lo que incluyó decepcionarme como pocas veces observando como Allen se vendía al mejor postor con tal de ganar perras en una cinta inmunda (destrozada aquí). Sin embargo, el amor seguía en el aire, y ya había tomado una decisión.
Del abrigo del que me enamoré perdidamente sólo quedaba mi talla. El lunes pensaba ir a buscarlo. Si quedaba en pie sería una señal y me lo tendría que comprar, si no estaba, buscaría un puente para tirarme como un amante despechado. Y eso hice por la tarde después de la única mañana decente de trabajo de toda la semana. Evidentemente, como sospechaba, no estaba. Es lo que tienen los buenos vendedores y los descuentos portentosos en marcas carísimas, que se venden a pesar de que se dice que no hay perras. Para ahogar mis caprichos consumistas, fui a exculpar mis deudas con la SGAE (por favor, que la humanidad en pleno firme esto) comprando buenos discos, y terminé haciéndome íntimo amigo de uno de los responsables de la sección de música, melómano empedernido, que al echar un vistazo a lo que me estaba llevando y observar el nuevo de The Killers en vez de alguna porquería del Bisbal o alguno de estos se volvió loco y comenzó a recomendarme cosas y a ponerme música fantástica que no estaba en los expositores, a invitarme a eventos musicales que organizaba él, a decirme que dejara discos que llevaba porque no estaban bien resueltos, y terminó dándome su tarjeta y presentándome al otro responsable para que me conociera por si tenía algún problema alguna vez. Tan flipado me quedé que tuve que volver a irme a beber porque no me pareció normal, por más encantado que me fuese, que quieren que les diga.
Y ya ahí me terminé de perder. Es lo que tiene tener amigos de vacaciones cuando uno está trabajando y es débil. Empiezas un lunes por la noche yéndote a tomar un par de cañas y ya el martes te quedas dormido y llegas tarde a trabajar. Como normalmente nadie coge el teléfono, en mi trabajo no hay cobertura y nadie mira el móvil, decidí no llamar para no llegar más tarde de lo necesario y salir pitando. Por poco llaman a los bomberos y a la Policía para que me busquen. Por cuarenta y cinco minutos de nada. Pero la hecatombe se iba fraguando. A la hora de terminar, yo seguía en la consulta con nosecuantitas cosas pendientes de escribir. Eso no me impidió ir a comer a un delicioso restaurante al que quería ir desde hacía siglos y en el que milagrosamente los que estaban de vacaciones habían podido conseguir mesa de forma improvisada una hora antes y empezar así una jornada que acabó mezclando pacharanes con orujo de café hasta las tantas.
Tras dormir cinco horas escasas me fui a trabajar puntualmente (lo que para mí supone cogerme los veinte minutos de cortesía que me tomo para todo) pero más muerto que vivo, porque uno ya tiene una edad (recuerdo que digan lo que digan las matemáticas yo el año pasado cumplí 27 y no vuelvo a cumplir más nunca hasta nueva orden) para echar un día espantoso porque no faltó nadie. Pensaba irme a dormir la siesta directamente, pero en el último momento me apunté a una comida al lado de casa que acabó cerca de las dos de la mañana en casa de un amigo bebiendo cerveza y hartándonos de reír con vídeos del youtube después de haber visto el partido del Atleti. Cosa que, y es a lo que voy, provocó que me hiciera fan en el facebook de otro video de frikis más, el Contigo no bicho (reconozco que es divertidísimo), añadiera más gente a los amigos, escribiera alguna que otra barbaridad... y no ha sido lo único que han conseguido los efluvios enólicos.
Le prometí a Josito que le haría un club de fans, le pedí a una amiga que me hiciera uno a mi a instancias de otra amiga que me lo insinuó para poder hacerme fan de mi mismo (cosa que me pareció muy buena idea), a pesar de que había prometido no hacerme fan de nada ya llevo cuatro grupos esta semana, he creado uno (para quemar vivos a los de la canción Barcelona) y, eso fue también anoche, me he apuntado a un viaje a final de mes a Lisboa aprovechando que me quedan días del año pasado... cosa que no es la primera vez que hago borracho y que va a hacer que posponga viaje a Barcelona que puede hacer que un amigo se cabree mucho, mucho, mucho conmigo.
Y digo yo, porque siempre me pasa lo mismo, si todos esos que durante tantos años han realizado esfuerzos ímprobos por ligar conmigo sin conseguirlo a costa de mirar, pasar, intentar resultar sensuales o decir frases tópicas de esas con las que a mi o me entra la risa floja o me ponen nervioso consiguiendo que les arranque la yugular hubieran sabido que con ir de coleguitas y esperar a que me tomara un par de cervezas y simplemente proponerlo podrían haber hecho conmigo lo que les hubiera dado la gana... probablemente a estas alturas no tendría dos blogs ni sería uno de los más firmes candidatos a ser el más friki del facebook. Claro que no tendría de qué quejarme y entonces si que me podría dar un ataque.


domingo, 11 de enero de 2009

Mitología griega para lerdos. (MGPL) Introducción

Lema del día: Esta serie no lleva lema.

Aunque haya gente a la que le pueda parecer increíble, esto mismo que muchos hacemos para intentar no caer en la droga (con mayor o menor éxito) que es leer, instruirnos y escribir y transmitir lo que leemos, hay otros a los que les pagan por hacerlo. Son los sabios oficiales. Esos mismos señores son los que publican libros donde nos cuentan lo que realmente tenemos que saber para que no nos equivoquemos a la hora de interpretar lo que leemos. Por eso hay que hacerles caso.
Sin embargo, por más que a veces lo intenten, a algunos nos cuesta trabajo imbuirnos en tanta materia, mucha de ella filosófica, por cuestiones de tiempo (o directamente intelectuales, para que engañarnos). Es por ello que desde estas cada vez menos humildes páginas, y considerando que la cultura no sólo debe ser adquirida sino transmitida, iniciaremos nuevo serial (cuando el anterior todavía está por ahí en barbecho) a fin de que nadie tenga que perder más tiempo del necesario para poder enterarse de los entresijos la primera base de nuestros antepasados culturales, aprovechando que se me cruzó el cable a final del año pasado y decidí releerme todo lo que ya me había leído en la adolescencia y mi formación universitaria consiguió que olvidara (la Universidad, ese gran invento).

P.D. Si, me habeis pillado. Ni me creo tan listo ni soy tan altruista. En realidad esto lo hago para intentar evitar empezar siete libros a la vez y no terminar ninguno... aunque veremos a ver si sirve de algo.


jueves, 8 de enero de 2009

A petición popular

Lema del día: Qué duro es tener fans.

Kirin/The Wolf (algún día me aclararás la dualidad, porque yo sigo sin entenderla) me solicitó una reseña de las fiestas navideñas. Me debo a mi (escaso) público, lo se, pero me temo que dicho relato no esté a la altura no por ganas ni por tiempo, sino por tanta neurona confundida. Y me explico.
Las fiestas navideñas comienzan con las comidas navideñas, celebraciones que se basan en que se reunen un grupo de gente que en muchas ocasiones no se caen bien a hacer el paripé y comportarse como si fueran amigos de toda la vida. Yo no soy de esos y lo primero que hago es agenciarme sitio al lado de los míos aunque sea a costa de no saludar a nadie como pasó este año para poder sentarme al lado de quien quiero sentarme. Luego se bebe mucho mucho y ya se pasa al saludo al acabar de cenar.
Cuando se está lo suficientemente borracho te empiezas a reir del jefe (mangándole el sombrero que lleva y que nadie se atreve a quitarle por si se cabrea) y a bailar con todo el mundo bailes sexys mientras se beben y se beben cubatas servidos por camareras que de mayores quieren ser Tracy Lords y niñatos modernos se meten en medio intentando ligar con mujeres que podrían ser sus madres y que no quieren nada con ellos.
Acompañando a estas "reuniones de trabajo" se encuentran las reuniones de amigos, cenas, comidas, cafés o cañas, donde se termina bebiendo y bebiendo en aras del buen rollo y que sirven, sobre todo cuando se vive en una isla y la mayoría de los amigos somos de fuera, para desearnos que los reencuentros familiares sean lo menos dolorosos posibles. Por ello hay que beber mucho.
Se coge un vuelo en el que no se puede dormir porque te toca pasillo y la azafata no para de darte con el culo en la cabeza cada vez que pasa, y cuando llegas al aeropuerto de Sevilla te das cuenta de lo que tiene que sentir David Beckham en cualquier parte del mundo, al salir por una puerta minúscula donde millones de gentes esperan a sus seres queridos y a niños comprados en el extrajero (¿nadie se da cuenta de lo raro que resulta que doscientas personas esperen a un niño camboyano que no tiene ni idea de español llamándolo Miguel?).
En eso que llegas a tu pueblo a las ocho, dejas la maleta en tu casa y a las ocho y media ya estás con tu madre tomándote la primera cerveza. Y hasta ahí puedo contar de mi estancia en mi pueblo. Lo más que recuerdo es oír cada cierto tiempo "Otro chupito de vodka caramelo" y "Otra copa, ¿no?" con cierta regularidad durante una semana. Es la única forma sensata de poder sobrellevar una semana con la familia.
Llegas un domingo por la tarde y, para no perder la costumbre, te vas a una fiesta que organiza tu jefe, y en la que, debido al rodaje de la última semana, consigues estar completamente sobrio hasta las seis de la mañana a pesar de no parar de beber y conseguir perder un posible plan precisamente por no estar desinhibido y por la paliza que te están dando los amigos que sí están borrachos porque no han acostumbrado su hígado a dosis ingentes de orujo para mantener el grado de alcoholemia. Además de para darte cuenta de lo insufribles que son los imbéciles que cuando están borrachos van de graciosos. Porque yo no es que vaya, yo es que lo soy.
Dos días después empiezas a trabajar, veinticuatro horas de golpe metido en un hospital. Y ahí es cuando comienza a fraguarse de verdad el desastre. Es de todos conocido que hay dos formas de no empeorarse de un resfriado: o te quedas en casa y haces cosas sanas, o te vas a la calle y te comportas como un auténtico crápula, porque ya sabemos que el alcohol desinfecta y mata todos los bichos. Y si en vez de hacer cualquiera de esas cosas te comportas como una persona responsable, salvo para hacerte fan de millones de tonterías en el facebook (incluyendo la borracha de la mancha de callejeros o el peluquero de la duquesa de Alba), la nochevieja se presenta con una tos de perro y sin el chichi pa farolillos. Con lo que no pude hacer otra cosa que emborracharme, salir y llegar a casa de día a pesar de que en la cutrefiesta a la que fuimos (en la que todo el mundo, incluido yo, iba de chaqueta) se acabaron las bebidas prontísimo.
Intenté mantener el hábito enólico hasta el fin de semana, en el que había decidido comenzar a cuidarme, y para ello habíamos decidido ir por fin a comer a un restaurante, el 17 grados, donde pretendíamos comer desde hacía un año, y que resultó otro querer y no poder más, en ese intento que tienen en esta ciudad todos los restaurantes pretenciosos de resultar tan pedantes en el trato que parezca que te están perdonando la vida cuando en un sitio de estas características te deberían tratar como un rey. La composición de los menús (y casi que de los platos) era otro despropósito. Y la deliciosa decoración de muebles antiguos en comparación con los baños, directamente viejos, me dejó sin habla. Para recuperarla, tuve que recurrir al pacharán, y el sábado me levanté con dolor de cabeza y deseando recomponer mi garganta. De nada ha servido. Tras una semana de vida cuasi monacal, estoy cada vez peor, con lo que como no trabajo hasta el lunes, he decidido que a partir de mañana me voy a echar a la calle. Llueva, truene o relampaguee.
He dicho.

P.D. Y ni siquiera he decidido si continuar con ese pretencioso (pero necesario) Catálogo de buenas costumbres que inicié el año pasado, y por cuyo ambicioso planteamiento me da tanta pereza retomar, ni he comenzado aquella Mitología griega para lerdos con la que amenacé a amigos y conocidos cuando comencé a releerme a Hesiodo... qué desastre.